Todo está adentro

El mundo es hermoso, la vida es hermosa, hay muchas cosas que hacer, saber y ver, vale la pena estar aquí.
A veces trato de convencerme de eso, y en ocasiones lo consigo, pero muy brevemente, porque casi al instante regreso al mismo lugar de siempre, a escuchar y ver lo mismo, si hay noticias suelen ser malas, nada es bonito y nada es motivo de risa, así como tampoco lo es de llanto ni quejas. No es nada en particular, tan sólo es.
Me pregunto a veces por qué no soy capaz de apreciar la belleza de este mundo, esa que el resto de las personas sí parecen ver, y supongo que la respuesta tiene que ver únicamente con el tipo de vida que llevo. Nada se puede, nunca vale la pena intentar nada porque después de todo nada realmente importa y la cantidad de inconvenientes por ley excede a las ventajas de hacer casi cualquier cosa, ningún esfuerzo es necesario, nunca debería estar haciendo eso, nunca debería estar pensando eso, yo estoy mal y lo estoy porque he decidido estarlo y no porque se me haya conducido a ello, es mi problema y no merezco ayuda, me pasa por ignorante, es resultado de la arrogancia y el mal carácter. Es inútil, siempre es inútil, cualquier indicio de vida no es más que salvajismo, imprudencia. Siempre debería callarme, soy mucho mejor cuando estoy callada y no hago nada, así que lo más obvio es nunca hablar ni hacer nada, ¿Por qué molestarse, si después de todo me voy a arrepentir? Lo lamentaré toda mi vida, así que lo mejor es no hacerlo desde un principio.
Todo muere, y muere pronto, las cosas cambian y cuando lo hacen suele ser para mal, por eso es mejor no amar nada, si no hay nada que aprecie soy inmune al dolor de su inevitable desaparición. Es así como funciona siempre, la solución es siempre no hacer nada, ¿Y sabes cuál es la manera más fácil de no hacer nada?

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