Las cubetas y las bolsas
Se han cumplido 2 años desde que comencé a hacer esto.
Ha pasado mucho tiempo en realidad, y muchas cosas han cambiado. He pasado por muchas fases, he aprendido muchas cosas.
Mi peso continúa fluctuando entre el extremo alto y medio de un bmi saludable. Paso por periodos de tiempo en los que como sin parar y subo mucho de peso, y otros en los que paso semanas sin comer, y bajo bastante de nuevo. De esa forma, mantengo un peso que a ojos de los demás no levanta ninguna sospecha. Pero yo siempre estoy pasándola al menos un poco mal, si se me permite decir eso.
Hace ya 2 meses y medio comenzó la cuarentena por la pandemia, y desde entonces mis problemas con la comida se han intensificado terriblemente.
Marzo y abril fueron un infierno de constante hambre, insomnio y miedo, mientras que todo mayo estuvo lleno de atracones, comidas de miles de calorías, culpa y sesiones de purga hasta 4 veces al día, sin mencionar la inevitable subida de peso.
Desarrollé el hábito repulsivo de vomitar en mi cuarto y guardarlo en bolsas que no siempre encontraba tiempo para tirar. De esa forma, algunas bolsas se pudrieron en mi cuarto por semanas antes de que juntara valor para sacarlas. En cierto punto, había una bolsa de vómito en cada esquina de mi cuarto, con el piso y mi escritorio casi imperceptiblemente salpicado de restos. Mis nudillos siempre lesionados, mis dientes moviéndose. En medio de ese infierno cumplí 19 años, y me sentí bendecida de poder celebrarlo comiendo una orden entera de nachos y vomitarlo en la comodidad de mi cuarto.
Al final del mes con un cara muy gruesa me dispuse finalmente a deshacerme de esos rastros de una vida asquerosa, con la esperanza de deshacerme igualmente de los impulsos de continuar así para siempre. Las cosas que vi, olí y recogí me dieron tanto asco que deseé profundamente nunca tener que volver a hacer algo así.
Recogiendo al final esa enorme bolsa que pesaba al menos unos 10 kilos, totalmente rellena de asquerosidades inmencionables me di cuenta de lo sola que estoy realmente en esto. Tratando de meter esa bolsa en otra más grande sin tener que tocar esa inmundicia deseé que alguien me sostuviera abierta la bolsa para hacerlo más fácil, e inmediatamente me sonrojé un poco de la vergüenza al imaginar a alguien viendo lo mismo que estaba viendo yo. Y me sentí muy sola, como si no se pudiera estar nunca más sola que eso. Al fin y al cabo, ciertamente hay cosas que nadie más que tú pueden hacer, ¿no es así? Como bajar una bolsa de 10 kilos de vómito por las escaleras.
Ese mismo día, más tarde, tuve una placentera cena que vomité con tranquilidad en el baño. Y nunca me había sentido tan feliz de ser capaz de vomitar en un baño, se me hizo tan conveniente y tan cómodo, como si llegara a mi cuarto después de un largo día de trabajo. Ah, que cansado ha sido todo lo anterior, qué reconfortante es estar aquí ahora. Me sentí así, tan afortunada. Y ni siquiera tengo la capacidad de sentirme triste.
Mientras mis ojos escocían pensaba tranquilamente que eso se sentía bastante como llorar a gritos y me pregunté si sería por eso que no soy capaz de sentir nada al respecto justo después.
Es cansado, y te ayuda a dormir, ese miedo y esa preocupación esfuma todo lo demás, el mundo y sus problemas que no me incumben realmente dejan de existir, y eso es lo que recibo a cambio de la momentánea incomodidad. Puede que la vida sea más justa de lo que parece.
Comentarios
Publicar un comentario