La cubeta de nuevo

Esta fue la primera vez que conseguí vomitar con relativa facilidad y bastante silenciosamente.
Cuando comencé a restringir calorías en noviembre comencé a guardar en un cajón todas las cosas que no se podían descomponer en poco tiempo, como cajas de leche y jugo cerradas, barritas, galletas, etc. No eran para comerlas más tarde, tan sólo las estaba ocultando para que pareciera que las había comido y pretendía deshacerme de ellas en algún momento, o bien, comerlo todo cuando finalmente llegara a mi meta de peso.
Esa noche había comido un pedazo de pan, y cuando subí al cuarto de arriba pensé inmediatamente en una caja de leche de chocolate que había guardado hacía unos meses. La saqué y la bebí rápidamente. Luego me paré y saqué la cubeta de mi ropero, metí cuatro dedos en mi garganta y comencé a toquetear todo cuanto podía, hasta que salió la leche y una parte del pan que había comida. Como no estuvo casi nada de tiempo en mi estómago, no olía tan mal.
Me limpié las manos con papel, lo puse encima de lo que acababa de vomitar y rellené la cubeta con más papeles y cosas que encontré en la bolsa de basura de mi cuarto para hacer pasar a la cubeta por un bote de basura, luego la guardé en el fondo de mi ropero.
Una o dos semanas después mi familia salió y yo aproveché ese momento para comer cereal y vomitarlo, luego saqué la cubeta de mi cuarto y salí al patio a tratar de lavarla entre los arbustos, porque planeaba seguir usándola para vomitar en emergencias. Saqué primero toda la basura que había puesto encima y noté que el olor se había vuelto terrible, además de que estaba cubierto de moho y hongos negros. Lo limpié con la manguera e incluso tuve que meter mis dedos para deshacerme de todo. No podía tirar los papeles que usé en el contenedor de basura de la casa porque estaban llenos de vómito y si a alguien se le ocurría mirar en la basura estaría acabada, así que los tiré entre las maderas del fondo del patio. Más tarde mi hermana y mi padre salieron a hacer algo en el fondo del patio y yo estuve todo el tiempo mirándolos desde la ventana del cuarto de arriba, aterrada de que encontraran los papeles entre la madera, pero no podía salir a distraerlos porque acababa de vomitar y mis ojos seguían rojos.

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