La primera vez

Esta fue la primera vez que intenté vomitar. En ese tiempo no tenía la menor idea de cómo hacerlo, así que busqué en internet y todos decían que era posible lograrlo si bebía de un solo trago un vaso de agua caliente con mostaza.
Mi familia salió esa tarde, no recuerdo a dónde. Se suponía que tardarían mucho, así que aproveché para darme un auténtico y original atracón. Ocurrió muy rápido. Saqué toda la comida que podía, cereal, papa cocida, fresas, pan dulce, leche, granola, manzana, arroz, galletas, chocolate. Los chocolates los había comprado mi madre para regalarlos en San Valentín, y esto ocurrió al día siguiente, así que fue el 15 de febrero. Me comí todo el chocolate.
Me bebí todo el asqueroso brevaje que había preparado, pensando que mágicamente me haría vomitar sin esfuerzo. Salí corriendo al patio asqueada por el sabor de la mostaza en el agua caliente e intenté vomitar entre la madera. Noté que no podía.
Estaba desesperada porque había comido simplemente demasiado como para no vomitarlo y no había manera de que se quedara así. Intenté como por diez minutos, mis ojos y mi cara se hincharon, pero nada salió. Entonces fui al baño y seguí intentándolo ahí. Reconocí la leche, el cereal y las fresas. Pero no era ni de lejos todo lo que comí. En ese momento escuché que la puerta de la calle se abría.
Me congelé, no había guardado todo lo que había sacado para comer y se darían cuenta de mi atracón. Mi madre llegó y comenzó a quejarse del desorden, pero en ningún momento pareció sospechar de mí. Esa fue la primera vez que logré vomitar y la primera que tuve que limpiar el retrete y después bañarme.

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