No estoy sufriendo tanto

No es para tanto, realmente.
Si me quejo tanto en ocasiones es únicamente porque a veces desvarío y pienso que mi vida sería realmente mejor si no tuviera que pasar por esto, pero ante todo debo ser realista, y la realidad es que todo sería patético aún si pudiera comer en un restaurante diferente todos los días.
No comer no es tan difícil, vomitar es de hecho bastante fácil. No hay mucho dolor de por medio, aunque sí bastantes malestares. Pero en general, ¿Hay acaso alguien que no experimente alguno que otro malestar de vez en cuando?
Los rugidos, el frío, las estrellitas que veo cuando me levanto, no son para tanto, no hay ningún dolor lo suficientemente fuerte en todo el proceso como para que yo tenga derecho a quejarme.
De hecho, me hace sentir muy bien. Me siento tan limpia, como si pudiera flotar.
La situación es complicada porque cuando estoy ayunando siento que merezco muchos cuidados, me dan ganas de usar mascarillas, darme un baño largo, de pintarme las uñas y tratarme mejor, solo en esas ocasiones me siento merecedora de esa clase de atenciones. La cosa es que cuando estoy ayunando no tengo energía para hacer prácticamente nada.
Y sin embargo, cuando estoy comiendo "mal" o "normal", me siento totalmente indigna de cualquier cosa buena y algo en mi cabeza piensa que cualquier cosa agradable que me pase o haga es inválida, porque podría haber sido mejor si no hubiera comido ese día. ¿Hay alguna manera de explicar esto sin recibir miradas turbadas? No estoy acostumbrada a ese tipo de respuesta en las personas, seguro que el asunto es en realidad mucho más serio de lo que me gusta pensar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las cubetas y las bolsas

En una cubeta

La cubeta de nuevo