No descanses

Estuvo muy bien aquello de no vomitar por dos semanas, pero no lo disfruté en absoluto. A pesar de que no vomité, me pasé mucho tiempo pensando en hacerlo, cada vez que comía.
De algún día salió la idea de que cada vez que estoy sola en la casa tengo que darme un atracón y vomitar.
Comencé a vomitar cuando estaba aún en una etapa de restricción de calorías, siempre estaba hambrienta o ansiosa por comer, así que tenía sentido que cada vez que mi familia se fuera yo aprovechara para comer tanto como pudiera y luego vomitara. Pero ahora no estoy restringiendo, o al menos no tanto como antes, así que los atracones ya no están justificados, no tengo hambre.
Pero si puedo hacerlo, ¿por qué no debería? Ciertamente no me ha pasado nada por vomitar, no me ha pasado nada por restringir. Puedo hacerlo, así que debería hacerlo, ¿no suena acaso demasiado lógico?
A esta lógica absurda se suman mis propios sentimientos, porque a mí no me gusta vomitar, y en realidad no tengo que hacerlo, no tengo que vomitar. Si puedo debería, pero si no quiero no debería, pero puedo aunque no quiero. ¿Son más fuertes mis sentimientos, o es más fuerte la idea?

Pues hace unos minutos me rehusé a vomitar a pesar de que estoy sola y podría haberlo hecho. Me ha pasado un par de veces, pero otros pares de veces sí que he cedido a la repulsiva invitación.
De madrugada sería muy fácil para mí prepararme un café o una bebida chocolatada, que son fáciles de sacar, y simplemente vomitarlos silenciosamente, ni siquiera tendría que limpiar mucho, porque son sólo líquido. Es más, ese tipo de cosas puedo vomitarlas en la cubeta de mi cuarto, porque es fácil deshacerme de ellas más tarde.
Pero no quiero hacerlo.
Pero puedo hacerlo.
Pero debería, porque puedo hacerlo.

No siento que algún día logre deshacerme por completo de estos pensamientos, porque me hacen daño y yo me hago daño siempre que puedo. Digo que no me odio pero me hago a mí misma cosas que sólo alguien que me odie podría hacer.
Cada segundo en el que estoy sola y no estoy vomitando parece un segundo que he malgastado, me alegra que mi familia llegue, porque entonces puedo excusarme ante mí misma diciendo que no puedo hacerlo ahora, porque sería muy arriesgado.
Me siento dividida, porque una parte de mí está enlistando las razones por las que debería vomitar y la otra está buscando excusas para no hacerlo. Y ambas partes soy yo, y solo yo.
Siempre soy solo yo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las cubetas y las bolsas

En una cubeta

La cubeta de nuevo