Destructible
Los últimos días han sido muy difíciles. Me siento entumecida, y ocasionalmente muy adolorida. Ocurre de vez en cuando, simplemente comienzo a llorar porque tengo demasiadas razones para hacerlo.
La relación que comenzó en verano acabó gustándome bastante por la libertad que representaba y por la posibilidad de compartir ciertas cosas, además del pequeño ánimo para seguir que me proporcionaba la idea de saber que alguien me quería y se preocupaba por mí. Pero algo salió muy mal. Quizás fue todo, pero fundamentalmente yo.
Nada estaba bien, nunca lo estuvo, pero por algún motivo este final me ha sentado muy mal, fue realmente turbulento y agresivo, estuve temblando toda la mañana, sentía mis extremidades muy débiles y tenía la impresión de que lo había soñado todo. Los escenarios surrealistas que observé esa noche nunca abandonarán mi mente. Dudo que en el futuro puedan superar lo que me hicieron esta vez, creo que nadie en el mundo merece ser saboteado de esta manera en la vida, y sin embargo no puedo quejarme. De nada. Con nadie.
Sigo hablando con esa persona, pero no se siente correcto, se siente casi como si estuviera cometiendo un délito, a pesar de que no hice nada particularmente malo y siempre traté de hacer las cosas bien. No es que no lo supiera, pero ahora se siente mucho más como la mentira que era desde el principio, a pesar de que bloqueé ese pensamiento durante un tiempo.
Siempre me he sentido muy abandonada, siempre lo he estado, pero algo acerca de este suceso me hizo despertar nuevamente y más que nunca. Es verdad que soy imposible de querer, es verdad que no puedo querer bien a nadie, es verdad que nunca podré ser normal, es verdad que estoy destinada a estar siempre sola, triste y rebosante de secretos dolorosos. ¿Suena dramático? Yo pienso que lo hace, y aun así no se me ocurre una manera de expresarlo.
Me gusta bloquear estos sentimientos, porque me llevan siempre hacia el mismo lugar. Juro que lo evito, pero es imposible, está en mi cabeza y nunca va a irse, es como una enfermedad terminal, una sentencia de muerte. Me conduce hacia ahí, a donde no quiero ir.
Puedo jurar que no quiero morir, no quiero hacerlo, pero si no lo hago tendré que seguir aquí, y no hay peor pesadilla que esa.
Seguir aquí, siendo que soy, sabiendo que no hay posibilidad alguna de cambiarme, conociendo todos mis defectos y algunos aspectos desalentadores de mi futuro. No puedo hacer eso, no hay manera de que siga soportando esto.
Voy a morir, no quiero hacerlo, pero yo sé que va a pasar. Me duele tanto de tan solo imaginarlo. Yéndome para siempre de este mundo, dejando atrás a todos y todo, perdiendo toda consciencia y junto con ella todo dolor. Es una visión tan hermosa, tan atractiva, se siente como un cálido abrazo. ¿Pero por qué me cuesta tanto aceptarla?
Comentarios
Publicar un comentario