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No hay dolor

 No me duele, no me fastidia en absoluto. ¿Es difícil no comer? Lo es, pero no es sólo por mi voluntad débil, sino que realmente estoy rodeada de tentaciones todo el tiempo. Al tener una hermana bulímica, es muy difícil no estar cerca de comida muy tentadora, a veces no puedo soportarlo. He llegado a la etapa del hambre en la cual es difícil no dejarse llevar. Me pasé una gran parte de noviembre sin comer nada, viviendo solo de café y un vaso de leche al día. No tiene nada de malo ni indeseable, me encanta, podría vivir así para siempre.  Algo que me molesta es la debilidad. Me refiero con esto a la debilidad de mi cuerpo causada por la desnutrición. Bajar y subir las escaleras es el doble de difícil, me agito sólo con pararme, no veo nada por hasta medio minuto después de pararme. No retengo ninguna información, no comprendo problemas sencillos, mi cerebro está hecho un desastre. Y todo eso debería ser un buen indicio de que debo comer, pero no quiero, no puedo.  He esta...

dolor

Me siento extremadamente débil. Pero no puedo comer nada. Tengo que hacer mis deberes de la universidad, pero cada vez es más complicado por lo desenfocado que está siempre mi cerebro. Me odié a mi misma por comer dos rebanadas de zanahoria y un vaso de leche light. Quizás no son más de 100 kcal en total, pero deberían ser 0. Hoy amanecí pesando 43kg, y ahora mismo después de tomar mucha agua para calmar mi hambre peso 44.3kg, y aunque sé que es todo peso de agua, sigo molesta conmigo misma por haber tomado agua después de las 6pm aún sabiendo que eso altera el número de la báscula, debería tener más autocontrol.  Tengo tanto miedo de perder el control sobre la comida y comenzar a subir de peso. No lo soportaría, no podría aguantar despertar y ver qué el número ha subido aunque sea un poco. La peor parte para mí es sentir que no estoy visiblemente delgada. No se cuánto peso de agua se pueda perder, pero ciertamente no es posible que toda mi pérdida de peso sea solo de agua, ¿verdad...

¿Qué?

Duele tanto, siempre duele. No funciona, no sirvo para nada, soy verdaderamente inútil. No quiero hacer nada, no quiero moverme, siento que estoy a punto de caer con cada paso que doy. Nada vale la pena, todo duele, todo es difícil. Nada merece el esfuerzo, nada, nada, nunca.  Lo que quiera hacer, siempre va a doler, de cualquier manera. No quiero seguir sufriendo, siento que estoy flotando, como si nunca hubiera despertado, no estoy en el mundo, todo es como una película en una televisión con muy mala señal. No puedo seguir, es tan difícil.  Podría dormir para siempre, quiero dormir y dormir. 
Sobre qué es lo que quiero, eso es un poco difícil de decir. Es muy simple, quiero una casa donde pueda vivir sola y tranquila.  Me gusta la ropa bonita, cualquier cosa que tenga una pantalla, las cosas de papelería  y cualquier cosa que permita almacenar decentemente esas cosas. Me gusta la idea de tener un espacio pequeño y prácticamente vacío, que todo o casi todo esté más o menos fuera de la vista. Quiero que sea blanco con pequeños toques de color y algunos recuerdos de mi vida pasada. Una vez escuché que tener muchas cosas de alguna forma pone una carga sobre ti, porque siempre estás preocupándote de lo que pueda pasar con esas cosas, y si las perdieras sería tan devastador como perder a una persona. A mí, que no me gusta preocuparme de nada, definitivamente me interesa no tener nada que perder. Al mismo tiempo, no tener nada que perder sigue siendo esencialmente no tener nada. Creo que debería entonces delimitarlo un poco y decir que solo quisiera no tener nada que no s...
Cuando estaba en la secundaria todavía intentaba de alguna forma pertenecer a algún lugar. Estar totalmente sola, y con ello me refiero a no tener a nadie a quién hablarle o preguntarle algo con mucha confianza, no tener a alguien a quién pedirle que te acompañe a algún lugar, en general, ser una extraña para todos, alguien que nadie puede decir que conoce, que no está relacionado con nadie, hasta ese punto de mi vida eso me parecía más bien inconcebible, algo que simplemente no había considerado.   Lo que ocurre en la adolescencia temprana puede parecer un juego, la parte más irrelevante de la vida por la inocencia y la ineptitud que se asocia a ella, pero yo creo que es una etapa crucial en el desarrollo de la personalidad, de todo aquello que se quedará grabado en uno para siempre.  En mi caso, mi adolescencia temprana fue la etapa en la que, después de un corto intento de socialización que duró un par de años, comencé a hundirme más y más en mí misma. En cierto punto ...

Pensamientos

Ah, soy tan estúpida. Arriesgando todo sin ningún motivo, poniéndome a mí misma como una especie de objeto curioso. No soy débil, si acaso soy en realidad más fuerte emocionalmente que muchas personas. No en el sentido de que sea difícil provocarme, sino más bien que nunca ha pasado nada de lo que no pueda reponerme. Mi auto entrenamiento siempre ha estado orientado a hacer de mí una persona muy dura e imperturbable, y desgraciadamente eso parece estar muy lejos de quien soy en realidad, pero aun así sigo pensando que podría ser mucho peor. No guardo rencores hacia nadie, podría dejar pasar casi cualquier cosa, jamás me vengaría de nadie y jamás le haría daño intencionalmente a nadie. No soy una buena persona, tan solo me he distanciado tanto de la realidad con el paso de los años que la mayor parte del tiempo no me siento capaz de sentir el deseo de hacer algo, y si de hacer algo se trata, seguramente no gastaría mi energía en las personas.  Este mundo que no parece hecho para mí ...

El infierno

Lo que hice en mayo no tiene nombre. Tampoco quiero dárselo. Un infierno, así puede describirse, si acaso. Cuando en marzo comencé a vomitar en bolsas era extremadamente pulcra, cuidadosa, limpia. Pronto este demonio entró en confianza, sin embargo. Comencé a dejar de limpiar las gotas que eran muy pequeñas. Dejé de bajar inmediatamente después a limpiarme la boca. Dejé de amarrar y re amarrar las bolsas, a veces solo escondía la cubeta sin siquiera haber cerrado la bolsa, rezando secretamente porque a nadie se le ocurriera subir a mi cuarto. Una semana, dos semanas, tres semanas. Y las bolsas estallaban a causa de alguna ciencia desconocida, y se derramaba en el suelo algo sorprendemente peor que lo que había puesto ahí inicialmente. Comenzó a oler, con toda certeza, a muerte. Solo me levantaba para comer cada 3 horas, a veces menos. Y si había suficientes bolsas, lo que seguía era muy obvio. Un día particularmente infernal fue cuando comenzaron a entrar las moscas. Al verlas me ...