Bromas e ideas tontas
Creo que ya he hablado mucho sobre vomitar en este blog. Es un poco extraño ser tan abierta sobre esto en algún lado, en la vida real nunca uso la palabra "vómito", siento que está prohibida, como si decirla pudiera de alguna forma delatarme. Incluso oírla me hace sentir insegura.
Hay gente que hace bromas sobre la bulimia y la anorexia, sinceramente yo también me río de mis problemas internamente, pero cuando alguien que no pasa por ello lo menciona de forma cómica no puedo evitar sentirme un poco incómoda y ligeramente molesta. Me duele que sean capaces de reír de algo así y también me fastidia tener que reírme con ellos, porque si no lo hago podría dar la impresión de que tengo algo de eso.
Y por mucho que me molesten las ideas estúpidas que la mayoría (incluyendo gente que se supone que sabe de esto) tiene sobre lo que esto significa, no puedo decir nada, ni quejarme, ni mostrar molestia aunque me sienta ofendida, porque podría delatarme.
En la escuela los maestros son particularmente insensibles con respecto a este tema. Siempre hablan de ello asumiendo que nadie en el salón está pasando por ello y hacen preguntas estúpidas como "¿Crees que los desordenes alimenticios se curan?" Y "¿Cuál es el tratamiento para los trastornos alimenticios?" Y tengo que responder como si el concepto fuera algo totalmente desconocido para mí, diciendo estupideces como que "creo que se puede curar vigilando la dieta y llevando una vida sana", cuando me muero por decir la verdad, que rara vez se curan del todo y que no hay un tratamiento que funcione para todos.
No hay pastillas para esto, no es una migraña.
Igualmente tanto los maestros como los alumnos dicen estupideces como que los medios se tienen toda la culpa y que las personas con estos desordenes lo hacen porque es "fácil". No saben nada y hablan de esa forma.
Nunca falta el que dice que solo les pasa a las niñas flojas y tontas, el que dice que nunca podría hacer eso porque ama la comida.
Y los maestros que están allá para hablar de eso tampoco saben nada, incluso los libros de texto dicen muchas cosas que no son del todo ciertas, y es realmente impresionante la ignorancia que rodea todo el asunto.
Sinceramente, no puedo quejarme de nada.
Si hubiera más información correcta sobre los desordenes alimenticios sería mucho más fácil que me descubrieran, y ciertamente preferiría morir a que alguien más se enterara.
Ya basta de revelaciones, nunca más volveré a dejar que nadie se entere de esto.
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