La pizza
En la tarde fui con unos amigos al centro a comer comida china. No me fijé de si estaba o no comiendo mucho, pero me llené hasta sentir que estallaba. Nunca sé si me siento llena porque mi estómago está acostumbrado a poca comida, porque tomo mucha agua o porque realmente estoy comiendo mucho.
La comida china era mi primera comida del día y planeaba que fuera la última, así que no la vomité. A lo mejor lo hubiera hecho si hubiera tenido la oportunidad (sinceramente es así con todo lo que como).
Pero estaba en el centro a escondidas de mi madre, y cuando llegara tendría que comer (o pretender que lo hacía) lo que había hecho. Hizo huevo con longaniza, papa y frijol. Me encanta esa comida, pero no podía comerla realmente, así que me senté y comí algunos pedacitos de papa, unos pedazos de longaniza y casi nada de huevo. Mi mamá estaba muy molesta porque creía que no comía porque su comida me parecía mala o para despreciarla. No me gusta que diga eso, pero es mejor a que piense que es porque ya comí antes, o peor aún, que crea que tengo anorexia o algo así.
Tampoco pude vomitar eso, nunca puedo vomitar el almuerzo porque la cocina siempre está llena a esa hora y sería fácil que me oigan, no me puedo arriesgar tanto. Pero lo habría hecho si se hubieran ido, en este punto sentí que iba a estallar.
He notado que mi hábito de dormir después del almuerzo ya no se trata tanto de que me dé sueño comer, sino de que a veces no soporto sentirme llena y prefiero dormir para no sentirlo, y cuando despierto normalmente ya pasó. Aún así no es un buen hábito, ralentiza el metabolismo y mi hábito de comer a penas despierto resurge ocasionalmente, pero por algún motivo solo ocurre después de la siesta, nunca en la mañana, como antes. Intento controlarme pero a veces acabo comiendo alguna fruta, lo cual para muchos podría no parecer un problema, pero para mí lo es.
Después del almuerzo me fui a dormir, y estaba increíblemente cansada porque me había quedado despierta hasta las 3 haciendo tarea y había caminado mucho. Me dormí casi inmediatamente y desperté hasta las 7 de la noche.
Cuando bajé puse mi café a calentar y mi hermana me anunció que pediría pizza. Escuchar eso me puso muy ansiosa. La verdad es que se me antojaba mucho la pizza, es una de las comidas que más trabajo me da rechazar y no sentí que fuera capaz de evitar comerla. Casi al instante decidí en el fondo de mi cabeza que sí lo comería, pero lo vomitaría. A veces me asusta notar que hago planes sobre qué hacer con la comida casi sin darme cuenta, es como si alguien me susurrara ideas todo el tiempo.
Pensé en comer solo una rebanada, pero acabé comiendo cuatro, además de dos vasos de refresco, galletas con frijol, mi café y una que otra mordida de cosas al azar [siempre hago eso, no sé por qué, ni siquiera muerdo cosas que me gusten, a veces como cosas que saben mal o están vencidas, lo único que quiero es comer en ese momento]. Estaba tan llena que sentía la necesidad física de vomitar.
Mi hermana se fue a su cuarto y yo prendí la tele de la cocina para crear algo de ruido, fui al baño y puse un vídeo en mi celular a todo volumen, abrí la regadera y comencé a vomitar.
Yo no tengo ningún problema vomitando, podría hacerlo sin interrupción hasta quedar vacía, mi problema siempre ha sido la gente. Vomitar no es difícil ya para mí, lo difícil es no hacer ruido. Hay cierto ruido muy característico del vómito que todavía me es muy difícil de controlar, y aunque logre controlar eso hay otros ruidos (como comida trabada, o algo similar, no sé porqué ocurre) y el sonido del vómito al caer al agua. Eso no se puede evitar.
Llené el inodoro dos veces y solo entonces me di cuenta de lo mucho que había comido en realidad. Es aterrador, me sentí muy feliz de haberlo vomitado. Tan aterrador.
Creo que nunca había vomitado tanto, ahora no me acuerdo. Vaya, a lo mejor lo hago más de lo que pienso.
Mis padres trajeron comida pensando que no habíamos cenado y me las arreglé para darle sólo unas cuantas mordidas. Aún así quería vomitarlo también, pero pensé que hacerlo me destabilizaria demasiado y ya era muy tarde, además de que no tenía ninguna excusa para tardar en el baño y el inodoro estaba teniendo algunos problemas.
Todas esas son excusas que me pongo a mí misma para no vomitar, aunque en realidad quiero vomitar. Es muy raro, lo sé, yo tampoco lo entiendo.
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