Enferma sin motivo
Antier, en un día libre por el Día del Trabajo, mi hermana y mi madre decidieron salir al centro. Lo decidieron antes de que yo despertara, así que tan sólo decidí quedarme en mi casa, porque por supuesto que lo veía como una maravillosa oportunidad para comer algo y después vomitarlo.
Por un momento me estuve preguntando si debería hacerlo, porque después de todo estaba apenas desayunando, y quizás vomitar el desayuno era una mala idea.
De cualquier forma, a las 12 del medio día me preparé un cereal y un café con leche, los comí rápidamente y fui al baño a vomitarlos. Salieron relativamente fácil, aunque vomitar por algún motivo me pareció mentalmente mucho más desgastante de lo normal. No sé, vomitar apenas despiertas definitivamente resulta más inesperado para el cuerpo de lo normal.
Terminé de limpiar todo y agarré un peine para comenzar a desenredar mi cabello mientras veía un vídeo en la cocina. Mientras hacía eso me fui sintiendo progresivamente peor. Cuando terminé me dolía todo y me sentía como si me hubieran golpeado. No sé describir cómo me sentía, pero era horrible, no podía caminar bien, mis ojos estaban muy pesados, me costaba hablar y no paraba de hacer sonidos guturales de queja, a pesar de que no había nadie en la casa. Creí que quizás necesitaba descansar y me fui a acostar, pero creo que comencé a sentirme incluso peor. La luz del cuarto me molestaba tanto que volví a bajar y me metí en un cuarto donde no llegaba la luz. Me sentía al mismo tiempo hirviendo y con mucho frío. Estuve así por 4 horas más, hasta que mis padres llegaron y al encontrarme así mi madre me tomó la temperatura. Tenía 38.1°, así que me llevaron al doctor. Por dentro pensé que lo más seguro era que vomitar todo lo que había comido en el día quizás me había hecho mucho daño y estaba preparada para que el doctor se diera cuenta de que algo andaba muy mal y que al analizar los síntomas notara que había vomitado. Durante el trayecto estuve preparando en mi mente una buena razón por la cual había vomitado e incluso en algo para decir si mi pequeño secreto era revelado a mis padres.
Cuando llegamos al consultorio tuve que esperar otros 25 minutos para que me atendieran. Antes de entrar me compraron un suero y me dieron una pastilla para la fiebre. Comencé a sentirme mejor inmediatamente. Ya había pensado que quizás me había deshidratado, pero no se me había ocurrido la brillante idea de tomar agua o algo así. No estaba pensando correctamente, ni siquiera veía bien. De hecho, mis recuerdos de esas tres horas parecen un sueño.
Cuando finalmente llegó el doctor ya me sentía mejor. Primero me tomó la presión, luego sintió mis ganglios, escuchó mi respiración, hizo algunas pruebas para ver si no era una infección renal y finalmente revisó mi garganta. Estaba más que lista para que dijera que mi garganta estaba en un estado terrible, que mi corazón latía raro y que en general, estaba bastante mal. Pero para mi sorpresa, el doctor dijo que no veía ningún síntoma y no me cuestionó sobre nada. Tan sólo sentenció que debía ser una infección que por algún motivo no había presentado síntomas y me mandó antibióticos.
Me seguí sintiendo relativamente mal el resto del día, y cuando desperté ayer ya me sentía completamente bien, sin ningún signo de alguna vez haber estado enferma.
Mi madre no ha parado de preguntar cómo me siento desde entonces, es irritante.
De cualquier forma, este evento no hizo más que aumentar el disgusto que siento hacia el vómito, pero no puedo dejar de verlo como una de las mejores opciones que existen. De esto aprendí que debo tener más cuidado con lo que hago y tomar mucha agua si vomito o si hago algo igualmente peligroso con mi cuerpo.
Por un momento me estuve preguntando si debería hacerlo, porque después de todo estaba apenas desayunando, y quizás vomitar el desayuno era una mala idea.
De cualquier forma, a las 12 del medio día me preparé un cereal y un café con leche, los comí rápidamente y fui al baño a vomitarlos. Salieron relativamente fácil, aunque vomitar por algún motivo me pareció mentalmente mucho más desgastante de lo normal. No sé, vomitar apenas despiertas definitivamente resulta más inesperado para el cuerpo de lo normal.
Terminé de limpiar todo y agarré un peine para comenzar a desenredar mi cabello mientras veía un vídeo en la cocina. Mientras hacía eso me fui sintiendo progresivamente peor. Cuando terminé me dolía todo y me sentía como si me hubieran golpeado. No sé describir cómo me sentía, pero era horrible, no podía caminar bien, mis ojos estaban muy pesados, me costaba hablar y no paraba de hacer sonidos guturales de queja, a pesar de que no había nadie en la casa. Creí que quizás necesitaba descansar y me fui a acostar, pero creo que comencé a sentirme incluso peor. La luz del cuarto me molestaba tanto que volví a bajar y me metí en un cuarto donde no llegaba la luz. Me sentía al mismo tiempo hirviendo y con mucho frío. Estuve así por 4 horas más, hasta que mis padres llegaron y al encontrarme así mi madre me tomó la temperatura. Tenía 38.1°, así que me llevaron al doctor. Por dentro pensé que lo más seguro era que vomitar todo lo que había comido en el día quizás me había hecho mucho daño y estaba preparada para que el doctor se diera cuenta de que algo andaba muy mal y que al analizar los síntomas notara que había vomitado. Durante el trayecto estuve preparando en mi mente una buena razón por la cual había vomitado e incluso en algo para decir si mi pequeño secreto era revelado a mis padres.
Cuando llegamos al consultorio tuve que esperar otros 25 minutos para que me atendieran. Antes de entrar me compraron un suero y me dieron una pastilla para la fiebre. Comencé a sentirme mejor inmediatamente. Ya había pensado que quizás me había deshidratado, pero no se me había ocurrido la brillante idea de tomar agua o algo así. No estaba pensando correctamente, ni siquiera veía bien. De hecho, mis recuerdos de esas tres horas parecen un sueño.
Cuando finalmente llegó el doctor ya me sentía mejor. Primero me tomó la presión, luego sintió mis ganglios, escuchó mi respiración, hizo algunas pruebas para ver si no era una infección renal y finalmente revisó mi garganta. Estaba más que lista para que dijera que mi garganta estaba en un estado terrible, que mi corazón latía raro y que en general, estaba bastante mal. Pero para mi sorpresa, el doctor dijo que no veía ningún síntoma y no me cuestionó sobre nada. Tan sólo sentenció que debía ser una infección que por algún motivo no había presentado síntomas y me mandó antibióticos.
Me seguí sintiendo relativamente mal el resto del día, y cuando desperté ayer ya me sentía completamente bien, sin ningún signo de alguna vez haber estado enferma.
Mi madre no ha parado de preguntar cómo me siento desde entonces, es irritante.
De cualquier forma, este evento no hizo más que aumentar el disgusto que siento hacia el vómito, pero no puedo dejar de verlo como una de las mejores opciones que existen. De esto aprendí que debo tener más cuidado con lo que hago y tomar mucha agua si vomito o si hago algo igualmente peligroso con mi cuerpo.
Comentarios
Publicar un comentario