El infierno
Lo que hice en mayo no tiene nombre. Tampoco quiero dárselo. Un infierno, así puede describirse, si acaso. Cuando en marzo comencé a vomitar en bolsas era extremadamente pulcra, cuidadosa, limpia. Pronto este demonio entró en confianza, sin embargo. Comencé a dejar de limpiar las gotas que eran muy pequeñas. Dejé de bajar inmediatamente después a limpiarme la boca. Dejé de amarrar y re amarrar las bolsas, a veces solo escondía la cubeta sin siquiera haber cerrado la bolsa, rezando secretamente porque a nadie se le ocurriera subir a mi cuarto. Una semana, dos semanas, tres semanas. Y las bolsas estallaban a causa de alguna ciencia desconocida, y se derramaba en el suelo algo sorprendemente peor que lo que había puesto ahí inicialmente. Comenzó a oler, con toda certeza, a muerte. Solo me levantaba para comer cada 3 horas, a veces menos. Y si había suficientes bolsas, lo que seguía era muy obvio. Un día particularmente infernal fue cuando comenzaron a entrar las moscas. Al verlas me ...